El Gringo de Caranavi
En la década de los 70 me hice joven en el pueblo de Caranavi, Bolivia, rodeado de cerros con bosque tropical. Estudié algunos años en el colegio local pero no me acuerdo casi nada de lo que haya recibido entre esos muros. Mas bien la educación que se me pegó comenzó con los incontable viajes a La Paz, las cañadas, los precipicios, los nevados, los bosques montanos con helechos gigantes que hasta hoy me hacen pensar en dinosaurios.
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| A pocos pasos de la plaza de Caranavi. Décadas antes que haya pavimento en las calles y cuando todavía había mucho bosque alto en los cerros. 1975. Foto Barbara C. Robison |
También aprendí mucho de las excursiones diarias al río con mis perros en la época seca, con mis amigos y neumáticos en la época de lluvia. Se caminaba 20 minutos en un sentido, por la pista de aterrizaje, luego por un platanal lleno de fragmentos de aviones caídos hasta el entonces puente sobre el río Yara.
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| El puente sobre el río Yara después de sufrir daños en la primera parte de los años 60. Sin embargo se veía muy similar 10 años mas tarde. Foto Familia Williams. |
Entrábamos al río en el puente y por una media hora bajábamos este río menor, pero igual de emocionante en la época de lluvia, hasta el encuentro con el río Coroico. Este sí que tenía oleadas grandes que te podían volcar el neumático y donde te cargabas de lo que ahora sé que es adrenalina. Retirábamos los neumáticos en el otro extremo de la pista y caminábamos 20 minutos hasta la casa. En total era una vuelta de unas 2.5 horas hasta volver a casa nuevamente.
Algunas veces llevábamos una batea en bolsa engomada y lavábamos ripio en busca de oro. Una vez descubrimos unos granitos minúsculos y, ya hecho ricos, los metimos a la boca para seguir el viaje.
En todo caso esas horas (miles) pasadas en los ríos, formaron parte entrañable de nuestra educación. Observábamos inundaciones, con aguas turbias, con playas cambiantes y vegetación en diferentes estados de recuperación. Otras veces las aguas eran cristalinas, y flotábamos en un silencio observando la vida. Una vez vimos de cerca cuando una serpiente acuática estaba devorando un sapo gigante.
A los 15 años (Enero 1976) hice un viaje inolvidable como integrante del equipo de basquetbol de Caranavi para participar en campeonatos para la fiesta de Reyes, en el Departamento del Beni. En ese entonces se viajaba en camión de Caranavi hasta Puerto Linares sobre el río Alto Beni. Ahí se embarcaba en lanchas de dos motores bajando a Rurrenabaque en un día. El viaje de subida era de dos días.
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| El Hotel Berlín de Rurrenabaque, a finales de la década de los 60. Como ahora, sobre la Calle Comercio y aquí visto desde el río. Fotógrafo desconocido. |
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| Rurrenabaque 1906, Foto Coronel Percival Fawcett |
Posteriormente el Coronel Fawcett se concentró en el Brasil y se perdió por el año 1924 al norte de Mato Groso buscando una ciudad perdida mítica.
Ese libro influenció profundamente las decisiones de mi vida a tal punto que vivo en Rurrenabaque ya más de 23 años. Después del colegio intenté repetir algunos de sus viajes los cuales compartiré en otros blogs. Durante este tiempo he recolectado libros e imágenes de exploradores, botánicos y antropólogos, de estas regiones y esa información también se compartirá en este mismo medio.
Como verán los Yungas, Caopolicán y Moxos no solo se refiere a uno de las zonas biológicas más rícas del mundo, también tiene una historia muy rica en cuanto a grupos etnicos, auges extractivistas y últimamente muchos fotógrafos con excelentes cámaras.




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